<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8333275582568147063</id><updated>2011-07-20T16:07:18.257-05:00</updated><category term='peruano'/><category term='Perú'/><category term='region lima'/><category term='huacho'/><category term='huacho cronicas'/><category term='literatura'/><category term='Lima'/><category term='blog huachano'/><category term='blog Huacho'/><category term='universidad'/><category term='cronicas'/><category term='cronicas huacho'/><category term='huachano'/><category term='escritor'/><title type='text'>CRÓNICAS HUACHANAS</title><subtitle type='html'>HISTORIAS DE UN JOVEN PERIODISTA DE HUACHO EXPLORANDO LA GRAN CIUDAD</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cronicashuachanas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8333275582568147063/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicashuachanas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Ricardo Romero Meza</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10228970329159601377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_PfZYszj3KXs/TTC9oRTGO1I/AAAAAAAABsE/tBL4pdW0-wY/S220/FOTO.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>3</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8333275582568147063.post-364540037086795666</id><published>2008-09-06T00:43:00.011-05:00</published><updated>2011-01-14T16:49:04.163-05:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='literatura'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='escritor'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='peruano'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cronicas huacho'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='huachano'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='cronicas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lima'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Perú'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='blog huachano'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='huacho'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='huacho cronicas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='blog Huacho'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='universidad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='region lima'/><title type='text'>"El A-4": Al filo de la pasión y la muerte (Primera parte)</title><content type='html'>Súbitamente, todos quedaron en silencio. El jefe del diario más prestigioso del país había ingresado con el ceño fruncido, parecía bastante molesto. No miró a nadie y se dirigió a la pizarra. Cogió un plumón y escribió: COBERTURA DE EMERGENCIA. Comisionados – Stefano Shrader y Rodrigo Reyes . Lugar – Canayre, zona del VRAE. Salida – Grupo Aéreo Nº 8, 10 a.m.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Un helicóptero MI-17 de la Fuerza Aérea los trasladará para cubrir el conflicto entre el Ejército Peruano y los cocaleros y narcoterroristas. Retornan el domingo a las 2 de la tarde, dependiendo del clima y de todas las dificultades que se les presentarán. Quiero el mejor informe que hayan hecho hasta el momento y… que les vaya bien”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas cuatro últimas palabras sonaron como una premonición de algo malo, pero no reparé en ellas. Sólo atiné a mirar a mi compañero: Stefano Shrader. Tiene 21 años, es alto, delgado, colorado y de ojos verdes. Posee el estereotipo limeño que permite afirmar que con sólo escuchar su apellido, tiene su propia historia de nivel social, poder y dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminó periodismo en una de las mejores universidades privadas de Lima y desde hoy, gracias a sus “referencias personales”, ejercerá lo que García Márquez denominó “el mejor oficio del mundo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le veía emocionado, ansioso, caminando de un lado a otro por toda la sala de prensa. A kilómetros podía deducir que era su primer día de trabajo. Esa escena me transportó a tres años atrás, cuando después de varios exámenes y tres meses sin sueldo, me anunciaron que sería parte de la plana de periodistas del diario de mayor prestigio del Perú: El Observador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el primero en llegar a la unidad de investigaciones. Quería demostrar mi talento. Leía todos los periódicos matutinos y no descansaba hasta hacer un resumen de los acontecimientos políticos y sociales del país para entregárselo al jefe del área. Cada misión de prensa la cumplía eficientemente. Era tan detallista que no me iba del diario hasta escuchar los comentarios de mis compañeros sobre mi trabajo. Únicamente ellos podían decirme si esa noticia causaría impacto, y después de tener su aprobación, firmaba orgulloso: Por RRM, Rodrigo Reyes Mendoza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era la oportunidad de Stefano Shrader. De su formación universitaria, habilidad y talento dependerá el mantenerse en el diario. De lo contrario, don Julio Cisneros, editor del diario, le dirá simplemente que hoy es su último día de trabajo. Estaba seguro de ello porque lo conozco, así como también su dilatada experiencia como corresponsal extranjero, en la que logró primicias durante la cobertura de la guerra en Irak para CNN y el diario El País de España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Stefano recibió una llamada. Sacó de su bolsillo un Iphone y explica apenado –a quien pareciera su mejor amigo– que hoy sábado no irá a jugar tennis al Club Regatas porque acababa de ingresar a El observador. Lo decía orgulloso y desliza su mano constantemente –cual tic nervioso– sobre su rubia y alborotada cabellera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No nos habían presentado, pero mis compañeros murmullaban que su currículo sólo tiene una hoja A-4 y que su papá es gerente de una de las empresas que publicitan en el diario. El corrector de estilo terminaba diciendo: “Ojalá que “el A-4” no me haga quedar hasta tarde corrigiendo su nota”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevamente recuerdo mis inicios y todo lo que tuve que superar para sobresalir en la gran ciudad. Mi currículo no era de una hoja A-4 simplemente. Eran veintiséis y para mi edad –21 años– creía que era un mérito: Lo pensé hasta el día de mi entrevista de trabajo. El jefe de personal empezó a revisar mi carpeta leyendo la última hoja. Poco a poco fue cambiando la expresión de su rostro, sobre todo al llegar a la parte que indicaba que mi carrera la hice en una universidad estatal de Huacho, una pequeña ciudad a 147 km al norte de Lima. De lo único que él había oído era de su deliciosa salchicha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Así que eres huachano?– me preguntó en voz alta, mientras cerraba mi currículo y se levantaba de su sillón, listo para decir: “Secretaria, que pase el siguiente”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, soy de Huacho, la que algún día será el jardín de Lima, la que algún día, así no me dé la oportunidad de trabajar en este diario, espero visite con su familia para disfrutar de sus playas y su buena comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un momento, el silencio se apoderó de él. Me miró como diciéndome: “¿Cómo tienes la osadía de invadir mi privacidad familiar?”; sin embargo, algo me dijo que debía continuar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Leo este diario desde que estudiaba en el colegio. En la universidad fue material de consulta para definir estilos y conjunciones gramaticales. Pienso que no importa dónde haya nacido, o estudiado, lo importante es que pasé todas las pruebas: redacción, estilo, análisis y opinión. Solamente me falta esta entrevista al igual que la decena de postulantes que esperan su turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Disculpe, pero no es por el lugar de donde viene. Parece que no leyó bien la convocatoria. Decía muy claro: Sólo egresados de universidades de prestigio– replicó, poniéndose de pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Y que es el prestigio?– refuté. –Mire detrás de su ventana. Puede fijarse con facilidad el rostro de la gente en los kioscos que busca titulares que le devuelva al país el espíritu constructivo y la credibilidad en sus instituciones que deben cuidar por sus intereses. El mejor prestigio de mi universidad estatal es la honestidad de mis palabras. Y si tuve carencias como estudiante, las agradezco, porque ello me impulsó a leer este diario, debatir en clases sobre sus temas del día y practicar los estilos de los mejores periodistas que este diario tiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jefe de personal siguió mirando por la ventana, respiró profundo, dándome la espalda. Su silencio produjo en mí por un instante la idea de que sería rechazado. Tomó asiento.&lt;br /&gt;- ¿Cuánto quieres ganar?– preguntó, dando la impresión de haber sido vencido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tanto dinero, como para sobrevivir en esta ciudad. Lo necesario como para no contaminarme de una sociedad que vive de lo material, y de las falsas apariencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces llamó a Chabuquita, su secretaria, y le ordenó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Este joven comenzará en el área de investigación periodística. Estará apenas con sus pasajes y viáticos durante tres meses. Que el jefe de informaciones lo evalúe constantemente. Si satisface las expectativas, de inmediato firmará un contrato por un año. He terminado por hoy. Diga a los que están afuera que la plaza esta cubierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado tres años y tres meses. Desde aquél día trabajo incansablemente. Vivo solo en un pequeño departamento en el centro de Lima. Como cada sábado, aprovecho para avanzar unas notas hasta el mediodía cuando termina mi turno. Luego parto a Huacho a reencontrarme con los que me quieren, con los que me leen, con los que me envidian o con los que simplemente jamás podrán aceptar que alguien de su misma tierra haya obtenido renombre en esta ciudad con más de nueve millones de habitantes…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8333275582568147063-364540037086795666?l=cronicashuachanas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicashuachanas.blogspot.com/feeds/364540037086795666/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8333275582568147063&amp;postID=364540037086795666' title='23 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8333275582568147063/posts/default/364540037086795666'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8333275582568147063/posts/default/364540037086795666'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicashuachanas.blogspot.com/2008/09/el-4-primera-parte.html' title='&quot;El A-4&quot;: Al filo de la pasión y la muerte (Primera parte)'/><author><name>Ricardo Romero Meza</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10228970329159601377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_PfZYszj3KXs/TTC9oRTGO1I/AAAAAAAABsE/tBL4pdW0-wY/S220/FOTO.JPG'/></author><thr:total>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8333275582568147063.post-626223402002932930</id><published>2008-09-05T18:20:00.002-05:00</published><updated>2011-01-14T16:49:28.148-05:00</updated><title type='text'>“El A-4”: Al filo de la pasión y la muerte (Segunda parte)</title><content type='html'>… Eran ya las 8 de la mañana y Stefano Shrader –quien quedó con el apodo de “El A-4”– esperaba al jefe del diario demasiado inquieto, ansioso, de manera tal que empezaba a contagiarme, por lo que preferí prepararme una taza de café pasado y sentarme en mi escritorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí el periódico y empecé a leer mi último reportaje, el que, tal como me lo había anunciado el editor general, fue portada del diario. Me gustaba repasarlo a pesar de que la noche anterior ya lo había hecho muchas veces. Imaginaba que me metía en la mente de las personas. Me gustaba participar del efecto que les producía –cuando se detenían y ojeaban en los kioscos – el siguiente titular: “Cayó banda de narcotraficantes más grande de Lima”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inesperadamente, mi padre me llamó por teléfono desde Huacho. Se le notaba emocionado. Lo percibí por su acelerada respiración, ésa que parecía la misma que tuvo hace dos años cuando me anunció la muerte de mi abuelo –justo cuando cubría los detalles de las elecciones presidenciales en Argentina–, la misma que tuvo hace dos días en que me contaba que mi hermana Camila había sido contratada por una transnacional como ingeniera ambiental. No era fácil, entonces, deducir si eran buenas o malas noticias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡Felicidades, campeón, te hiciste una portada– &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Gracias papá - pero lo dije bastante angustiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezó a contarme que toda mi familia estaba desayunando, menos mi madre, que leía en voz alta la página completa del reportaje que llevaba mi firma. Le creí, porque cuando era niño, mientras ella me ayudaba a colocarme ese mandilito azul a cuadros que aún conservo en mi “caja de los recuerdos”, me leía un cuento hasta la mismísima puerta del carro escolar que me conducía al “jardín de infancia” y me dejaba llevar por esa voz angelical que no pierde a pesar de los años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hasta ahora lo hace. La última vez que estuve en Huacho, en tanto yo, presuroso, llenaba con mi ropa la maleta que llevaría a Lima –porque casi perdía el bus– ella me iba leyendo el prólogo de un libro publicado recientemente, titulado: “Las nuevas estrategias para desarrollar habilidades sociales”. Confieso que esto no me gusta, porque quiero que entienda que ya soy grande, aunque ante sus ojos aún siga siendo su niño. Sin embargo, en el fondo, la adoro, porque me siento engreído y sé que soy todo en su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No terminaba de hablar con mi padre y escuché, a lo lejos, a Camila, la segunda de mis hermanas, que protestaba algo celosa: “Así nos tiene la “mamá” desde que compró el periódico. Y seguro que cortará tu nota y la guardará en su ‘cajita de los recuerdos’, donde están todos tus reportajes periodísticos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le repliqué por el altavoz: “No reniegues que también ella guarda en ese misma cajita el primer diente que se te cayó a los seis años, ¿recuerdas?”. Oí sus carcajadas. Me alimenté de esa alegría. Suspiraba mientras me invadía la nostalgia. No pude evitar que unas lágrimas caigan por mi mejilla. Esa felicidad, para mí, era más importante que la que obtuve tras el desbaratamiento de una de las mayores redes de comercializadores de droga, hecho que fue la portada principal del diario.&lt;br /&gt;– ¿A qué hora llegarás, mijito?– escuché a mi madre, quien había logrado quitarle el teléfono a mi padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Lo más pronto que pueda– respondí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– No llegues tarde, porque tus hermanitas quieren almorzar un caldito de gallina y ceviche de pato con yuquitas. ¿Qué te parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerré los ojos e imaginé esos platos sobre la mesa. Sentía en mi boca la deliciosa sazón de mi madre. Puedo asegurar que no he probado nada igual ni en el restaurante más prestigioso de Lima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un jalón por el brazo me borró todas esas exquisiteces. Abrí los ojos y estaba frente a mí don Julio Cisneros, el editor del diario. Una comisión de servicio a la selva peruana impediría reunirme, como cada sábado, con mi familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los murmullos y el silencio se habían entremezclado en la sala de redacción. Entendía recién que esas dos líneas escritas en la pizarra habían causado una gran sorpresa en ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cómo al “A-4” le van a dar tamaña responsabilidad?– rezongaba uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Canayre es zona de cocaleros y narcos– musitaba otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Seguro su papá ya no lo quiere volver a ver– se escuchaba apenas a manera de burla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora entiendo por qué su viejo no se esmeró en conseguirle más constancias de trabajo, teniendo tantos amigos empresarios– decían, como desmereciendo las cualidades de Stefano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Susurraban entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Julio se sentó en su escritorio, acercó el teléfono para hacer una llamada. Levantó la cabeza, nos miró –a Stefano y a mí– y dijo: “¿Qué esperan? Tienen menos de dos horas para llegar al Grupo Aéreo Nº 8”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí un block nuevo y apunté algunos datos sobre los últimos despachos desde el VRAE que me servirían para mi trabajo. Luego salí hacia la playa de estacionamiento del diario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Y qué ropa llevaremos?– me preguntó Stefano cuando salíamos por el pasadizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Eso no importa ahora. Tú sólo preocúpate por subir al auto la cámara de video, la digital de fotos y las baterías adicionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Pero no pienso estar con la misma ropa hasta mañana, brother– insistió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– No importa– le dije – usarás ropa asignada por el Ejército. Hablaré con su gente de prensa para que den con tu talla. Tenemos poco tiempo para llegar al grupo aéreo. Mientras tanto, iré a la farmacia que está al lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Stefano me miró extrañado. No protestó y tampoco hizo más preguntas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que sabía es que necesitaba comprar algunas medicinas. La experiencia me decía que este tipo de viajes son complicados. Lo sabía además porque mis padres, que aún trabajan en un hospital del Estado, me llevaban a consultas por un simple resfriado, con el pretexto de que podría contagiar a mis compañeros de escuela. No estoy seguro si ahora soy hipocondríaco, pero me enfermo con facilidad cuando me expongo a los cambios bruscos de temperatura. Sin embargo, eso no importaba, porque sentía que ésa sería la mejor nota de mi carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí mi gaveta en el diario. Me admiré del  tiempo que tomó organizar mi ropa y clasificarlo por costa, sierra y selva. Cerré la maleta sin olvidar echar en los bolsillos algo de Coramina, Gravol, Amoxicilina de 500 mg, Dolocordralan Extra Forte, Alergical Plus y un repelente de insectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subí a la camioneta. No tenía ganas de conversar con Stefano. No quería decirle dónde queda Canayre, que era una zona peligrosa, que no hay luz, agua y menos comida. No deseaba preguntarle por qué no llamaba a su viejo para decirle que se va a Ayacucho. En ese instante, sólo quería encontrar las palabras precisas para llamar a mi madre y decirle que hoy no almorzaré de sus manos, sino en una base militar a miles de kilómetros de Huacho… (continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8333275582568147063-626223402002932930?l=cronicashuachanas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicashuachanas.blogspot.com/feeds/626223402002932930/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8333275582568147063&amp;postID=626223402002932930' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8333275582568147063/posts/default/626223402002932930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8333275582568147063/posts/default/626223402002932930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicashuachanas.blogspot.com/2008/09/el-4-segunda-parte.html' title='“El A-4”: Al filo de la pasión y la muerte (Segunda parte)'/><author><name>Ricardo Romero Meza</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10228970329159601377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_PfZYszj3KXs/TTC9oRTGO1I/AAAAAAAABsE/tBL4pdW0-wY/S220/FOTO.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8333275582568147063.post-2182130007635107858</id><published>2008-09-04T13:01:00.003-05:00</published><updated>2011-01-31T10:35:15.280-05:00</updated><title type='text'>"El A-4": Al filo de la pasión y la muerte (Tercera parte)</title><content type='html'>…La unidad móvil de El Observador se abría paso entre la niebla que oscurecía aquella mañana de invierno. La garúa entremezclada con el monóxido de carbono que emanaban los tubos de escape de esos viejos “lanchones” caía sobre mi rostro. Por instantes, esto hacía que detestara vivir en Lima. Aunque, admito con pena que visitar mi tierra los fines de semana, no me consolaba del todo debido a la informalidad que existe en el transporte interprovincial, detalle que empaña el creciente potencial turístico huachano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reposé mi cabeza sobre una de las lunas del lado derecho del auto, extraje mi celular del bolsillo para enviar un mensaje de texto a mi padre: “Dile a mamá que en este momento voy rumbo a Ayacucho. Todo estará bien. Los quiero mucho”. Demasiado preciso. Esperaba que mis padres no pensaran que no me importaban. Llegaría el momento para explicarles sobre este repentino viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, Stefano estaba escuchando música en su Iphone.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Siempre eres renegón? ¡Vamos! ¿Qué música te gusta?– me dijo, extendiendo su delgada mano para prestarme su teléfono móvil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quería decirle que no me gusta el rock, que prefería el merengue, la cumbia, y que si a veces bailo salsa es porque alguien me agrada. Sin embargo, solo atiné a sapear su celular y descubrir las canciones que él tenía almacenadas en la memoria: Queen, Bob Marley, The Cure, INXS, Blur, John Lennon, Janis Joplin y Billy Idol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un golpe en la puerta y un gesto conturbado desbarataron ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡Tamare, mi viejo!– refunfuñó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subí la mirada y en la entrada del Grupo Aéreo Nº 8 había una camioneta Audi Q7 con lunas polarizadas. Era su padre: un hombre cincuentón, blanco, alto, canoso y de apariencia aristocrática. Se le veía bastante enfadado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡Tú no irás a ninguna parte! Le dije a Cisneros que no te contrate. Sube de inmediato a la camioneta. Ésta será mi última orden– vociferó el padre de Stefano, quien estaba colorado por la furia, destilando frustración a la distancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡Te he dicho que no quiero que te metas más en mi vida. Ya me cansé de ti y de tus cosas. Esto es lo peor que haz hecho! – respondió con tono desafiante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ensordecedor ruido de un avión que despegaba me impidió seguir escuchando esa acalorada discusión. Sólo veía una escena muy tensa en la que padre e hijo sobrepasaban el límite del entendimiento y la compresión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Shrader agachó la cabeza, resignado. Subió a su camioneta, la aceleró y giró, quemando la pista con las llantas traseras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Stefano se había quedado solo, mirando hacia la entrada del Grupo Aéreo por donde salía el vehículo de su padre. Tenía los ojos rojos, quizá por la ira que causó ese enfrentamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabía qué hacer en realidad. De pronto, me acerque a él, lo cogí del hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Mañana el sol seguirá saliendo. Haz que tus problemas no sean nada frente a tus metas. Demuestra, a las personas que te quieren, que ha nacido un periodista…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos altos militares del Ejército Peruano nos interrumpieron para avisarnos que la puerta del helicóptero está por cerrar. Corrimos con cierta dificultad por el peso de nuestras mochilas. Subimos y despegamos rumbo a la zona del VRAE.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El general Gonzales Rubio, jefe del Ejército, nos dio la bienvenida. Empezó a contarnos que los ríos Apurímac y Ene, en su recorrido por Ayacucho, Cusco y Junín, forman una faja a la que se denomina Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE). “Las familias de estas zonas dependen del cultivo de hoja de coca y el Estado lucha por erradicar el ilegal cultivo de manera progresiva”. Mientras nos relataba esto, nos muestra un álbum con las fotos de los principales cabecillas del narcotráfico. Stefano se puso sus lentes oscuros para protegerse del intenso sol y mientras mira con atención las fotos, me pregunta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Tú odias a tu papá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– No, pero alguna vez estuve muy enojado con él. Por ejemplo, cuando me dijo que era mejor ser médico que periodista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Y por qué no fuiste médico? ¿Acaso por darle la contra a tu padre o porque en Huacho no hay facultad de Medicina?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Simplemente porque no era mi carrera. Cuando vayas a Huacho te voy a mostrar que Medicina es una de nuestras mejores facultades. Pienso que hay que estudiar lo que a uno le gusta o le apasiona. A mí siempre me gustó el periodismo y creo que mi papá cambió de parecer el día que me felicitó por mi primer reportaje sobre negligencia médica en una conocida clínica limeña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Mi padre me odia… continúa Stefano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Un padre no odia a sus hijos. Los quieren a su manera. Muchas veces les aterra la idea que cometan los mismos errores que ellos tuvieron. Si no quiso que viajes es porque te cuida mucho. Él sabe que ésta es una zona muy peligrosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Mi papá nunca aceptó a mis amistades. Siempre me las impuso. No conozco lo que es tener amigos verdaderos. Dice que se acercan a mí solamente por mi apellido o mi dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El piloto nos anunció el aterrizaje. La nave descendía en forma de espiral, como absorbido por un remolino de viento. Desde lo alto, podía apreciar la faja de los valles y una densa selva, llena de casitas de madera con sus techos cubiertos de tejas color rojo indio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Shrader no tenía ya en su faz esa tristeza tras el encuentro con su padre. Sonreía al mirar por las lunas del helicóptero. Mi curiosidad hacía que mantenga la misma dirección de su vista. Veía a decenas de niños que salían de todos lados y corrían a observar, admirados, el enorme objeto volador que aterrizaba. Conforme íbamos descendiendo, saltaban de felicidad y alzaban sus brazos en señal de bienvenida. Los adultos, por su parte, sonreían como si les trajéramos una luz de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Stefano Shrader se conmovió por la pobreza del lugar y pidió al general que le dejara saludar a los niños. Entonces, corrió entusiasmado hacia ellos como si los conociera de toda la vida. Los cargó, abrazó y se tiró sobre la hierba para jugar con ellos por unos momentos. Uno de estos le entregó un sonajero hecho con chapas de gaseosas y otro le regaló unas canicas de varios colores. Las niñas le jalaban la melena rubia, lo que tal vez las había impactado. El brillo de los rayos del sol resaltaba sus ojos verdes, ésos que lo hacían distinto a todos los que estábamos en la base contraterrorista de Canayre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El general nos advirtió que estábamos en una zona peligrosa, por lo que no debíamos salir de la base. Agregó, además, que desde las alturas de las montañas nos protegían los centinelas que se encuentran armados hasta los dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, al caer la tarde, cuando retorné a la base después de algunas entrevistas a los pobladores, Stefano no aparecía por ningún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última vez que lo vi estaba con la cámara de fotos y con una agenda de cuero que llevaba a todas partes. Intenté usar el celular, pero no había señal. Fui a la base y reporté el caso al general Gonzales, quien de inmediato inició el operativo de búsqueda por toda la zona. Por mi parte, recorrí los pequeños caminos que forman las calles de ese lugar, buscándolo de casa en casa. La oscuridad de la noche me impidió continuar. Esa conexión con lo desconocido que tiene todo huachano, me hizo presagiar que algo malo sucedía. Una anciana que guardaba sus pollos para abrigarlos me dijo que lo había visto conversando con tres sujetos a quienes aparentemente conocía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  olor de la pobreza combinado con el aroma del cacao esparcido en costales en las afueras de las casas –que servirá de reemplazo para el cultivo de coca– era el preámbulo de una noche “sin fin”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los militares se dividieron. Me había quedado sin fuerzas, solo, en medio de la noche, mientras pensaba en voz alta “¿Qué me quiso decir sobre su padre en el vuelo?, ¿en qué acabó la discusión antes de partir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que bajo la penumbra de la luna y en la cima de una montaña vi, en contraluz, la sombra de una pequeña niña. Me pareció una con las que Shrader jugó a nuestra llegada. Encendí la linterna para alumbrar su figura. En una de sus manitos llevaba la agenda de cuero de mi compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensé en lo peor. Corrí hacia ella siguiendo la trocha y le pregunté, evitando asustarla: “¿Donde está Stefano? ¿Quién te dio esta agenda, de dónde la sacaste? ¡Por favor, dímelo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña, de tres años más o menos, estiró su mano y señaló al otro lado de la montaña. Corrí hasta llegar  a la orilla de un desfiladero donde solo había un pozo de agua. Me acerqué creyendo que era un pozo de maceración de coca, abrí la tapa, iluminé el fondo y vi flotando sobre el agua una melena rubia. Una de sus manos se dirigía al cielo, como pidiendo ayuda. Era Stefano Shrader que yacía moribundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grite, pero mi voz estaba apagada. Quería mover mis piernas y no me respondían. Los centinelas habían visto la luz de mi linterna y de inmediato encendieron fuegos artificiales que iluminaron todo el cielo. Una tropa con paramédicos se acercó al pozo, usaron sogas para descender y con gran dificultad treparon hasta rescatar su cuerpo. Estaba golpeado, inconsciente, pero vivo. Mientras, otra tropa abría fuego y perseguía entre los cultivos a unos mochileros que trasladaban droga a Bolivia. Sospechaban que ellos serían quienes intentaron asesinar a Stefano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acordé de la niña. Bajé de la montaña y ya no estaba. Sólo había dejado la agenda de Shrader sobre una misteriosa piedra que mostraba los pies de un niño perfectamente esculpidos. Abrí las últimas páginas de lo que hasta ese momento creí que era una agenda, pero parecía un diario por lo que se escribía a continuación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“… Hoy ingresé a trabajar al mejor diario del Perú. Estoy contento, aunque mis compañeros me hayan puesto el A-4 por la única hoja de mi currículo. Eso no importa, porque a mis veintiún años, don Julio Cisneros, el peruano que volvió a hacer patria después de su éxito por el extranjero, reconoció mi talento. Ahora le demostraré a mi padre mi verdadera vocación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crecí entre lujos y frivolidades de una familia conformada por mi padre y mis abuelos, quienes complacieron todos mis caprichos, sobretodo en cada cumpleaños y cada Navidad. Mi madre falleció en pleno trabajo de parto. Sus últimas palabras fueron para  pedirle a mi padre que cuide de mí. Y así lo hizo, aunque no del todo bien, porque puso más empeño en sus negocios. Nunca asistió a una reunión de padres, ni tampoco jugó conmigo fútbol en los campeonatos anuales del colegio. No tuvo tiempo para entregarme la medalla por ocupar el primer lugar de periodismo escolar. Pero siempre me repetía que su trabajo era la mejor demostración de su cariño, como si eso bastara para ser completamente feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre que quise conversar con él, estaba ocupado, en reuniones de directorio. Mis abuelos, por su lado, no comprendían mis problemas. Eran totalmente parecidos a mi padre. Eso me hacía sentir vacío… solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba harto de este apellido, porque no me dejaba valerme por mí mismo. Por eso me fui de la  casa de mi padre, para vivir solo de mi propio esfuerzo y demostrarle que mi vocación estaba por encima de todo. Estudié Periodismo y no Derecho como él quiso, porqué sentía que la prensa tiene la manera más rápida de encontrar la justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abruptamente cerré el diario. El general Gonzales me pidió subir al helicóptero porque Stefano estaba recuperándose y necesitaba atención en un hospital. Debíamos regresar a Lima. Durante todo el viaje, pensé en el valor de la vida, en mi familia, y en los que son realmente amigos. Me di cuenta que la amistad y la humildad es eterna y el liderazgo que genera todo periodista es la mejor recompensa de una pasión al servicio de nuestro pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El helicóptero aterrizó. Unos militares bajaron con extremo cuidado a Stefano. Su padre lo aguardaba. Se le notaba en el rostro una angustia como nunca antes había visto en otra persona. Sí era una gran preocupación que no disimulaba ni siquiera ese sacón de paño importado que vestía. Detuvo la camilla, le cogió las manos, lo miró y rompió en llanto pidiéndole perdón por no comprenderlo. Repentinamente, Stefano abrió los ojos, sonrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Soy periodista papá – le dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y su padre se quitó el saco, lo cubrió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–  Sí, lo eres, y ahora te quiero más – le respondió aún con lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había dejado de ser ese hombre duro que siempre fue. Ese hecho que casi acaba con la vida de Stefano lo había logrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De la nave también descendieron los militares con los tres mochileros capturados en el operativo que sería noticia en unas horas. Todo esto me deja una gran lección: Pese a los problemas y circunstancias de la vida, debemos defender nuestros ideales, respetando siempre las decisiones de los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Stefano se recupere me tendrá que acompañar a Huacho para conocer sus encantos, contagiarlo de la identidad y el cariño a mi tierra, a la que nadie le quitará ser la sede de la región Lima, jardín de la gran ciudad y capital de la hospitalidad del Perú. (FIN)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota del Autor:&lt;br /&gt;Rodrigo Reyes, es el nombre que empleó el autor para relatar hechos ficticios que rinden tributo a la memoria de su abuelo. Actualmente continúa trabajando como periodista del “El Observador”. El domingo, la portada del diario más prestigioso fue: DURO GOLPE A NARCOTERRORISTAS Caen principales cabecillas disfrazados de mochileros. Justicia los procesará por narcotráfico e intento de asesinato a periodista que arriesgó su vida tras haberlos identificado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8333275582568147063-2182130007635107858?l=cronicashuachanas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cronicashuachanas.blogspot.com/feeds/2182130007635107858/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8333275582568147063&amp;postID=2182130007635107858' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8333275582568147063/posts/default/2182130007635107858'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8333275582568147063/posts/default/2182130007635107858'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cronicashuachanas.blogspot.com/2008/09/el-4-tercera-parte.html' title='&quot;El A-4&quot;: Al filo de la pasión y la muerte (Tercera parte)'/><author><name>Ricardo Romero Meza</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10228970329159601377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_PfZYszj3KXs/TTC9oRTGO1I/AAAAAAAABsE/tBL4pdW0-wY/S220/FOTO.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
